La evolución del Acceso Público a Internet: El papel de las Bibliotecas

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La evolución del Acceso Público a Internet: El papel de las Bibliotecas

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Actualmente tener Acceso Público a Internet, ya sea mediante puntos Wi-Fi repartidos por las zonas urbanas o mediante ordenadores en bibliotecas, es sencillo. Lo damos prácticamente por hecho. De hecho, nos llega a sorprender y extrañar que haya espacios donde no tengamos conexión. Estar conectados a Internet en todo momento y lugar se ha convertido en la norma. Pero no hace muchos años la situación era distinta, muy distinta. Y es que, en estos últimos tiempos, la evolución y crecimiento de la tecnología nos ha permitido poder tener acceso a internet en prácticamente en cualquier lugar y momento del día.

Los primeros pasos: Los cibercafés

Hagamos un viaje al pasado, a una época no tan lejana, en la década de los 90, donde la posibilidad de conectarse a Internet se limitaba en gran medida a los cibercafés. Estos establecimientos empezaron a proliferar en los centros urbanos, ofreciendo a los usuarios la oportunidad de explorar la web a cambio de una tarifa por tiempo de uso o del consumo de una conexión a Internet.

En aquel entonces, no era común contar con la opción de tener internet en casa o en el trabajo, y mucho menos en plena calle. El primer cibercafé fue el Cyberia, en 1994, ubicado en Londres. De su nombre, probablemente derivó la denominación ‘cibercafés’ que fueron adquiriendo los que se crearían a posteriori. Estos locales consistían en poder disfrutar de acceso público a internet y, aunque no todos, contar con servicio de cafetería, bar o restaurante.

Gracias a una conectividad permanente a internet podían utilizarse herramientas como el correo electrónico, acceder a programas de mensajería instantánea (chats) como MSN Messenger, hacer videollamadas en caso de que los ordenadores estuvieran dotados de webcams o visitar páginas web. ¿Cuál era el inconveniente? La poca seguridad con la que se contaba y que no era económicamente accesible para todo el mundo.

Si bien los cibercafés facilitaron el acceso a Internet a muchas personas, su modelo de negocio no era necesariamente económico ni accesible para todos. Surgió entonces una necesidad apremiante de democratizar el acceso a la información y la comunicación en línea.

La revolución de la bibliotecas públicas

Aquí es donde las bibliotecas públicas entraron en acción. Al reconocer la importancia de brindar acceso público a Internet de manera gratuita a sus comunidades, las bibliotecas se convirtieron en auténticos bastiones de inclusión digital. Tomaron medidas significativas para democratizar el acceso a la información y el conocimiento.

Wi-Fi gratuito: Más allá de los libros

A medida que avanzaba el siglo XXI, la demanda de conectividad inalámbrica se hizo cada vez más evidente. Uno de los avances más notables fue la implementación de Wi-Fi gratuito en las bibliotecas que incrementó todavía más el número de personas interesadas en asistir para conectarse a Internet. Esto permitió que cualquier persona con un dispositivo propio, compatible y una necesidad de conexión pudiera acceder a Internet sin coste alguno. Las bibliotecas no solo se convirtieron en lugares para leer y estudiar, sino también en espacios donde las personas podían conectarse digitalmente con el mundo.

Además de ofrecer acceso público a Internet, las bibliotecas se embarcaron en la misión de capacitar a sus usuarios en el uso de la tecnología. Ofrecieron programas de alfabetización digital, cursos de ordenadores y talleres sobre cómo navegar de manera segura por la web. Esta iniciativa fue fundamental para empoderar a las personas y ayudarlas a aprovechar al máximo la era digital.

La principal diferencia que existía y existe entre los puntos de acceso público a internet que residen en equipamientos públicos, como las bibliotecas, y los puntos de zonas Wi-Fi que podemos encontrar en las calles de una ciudad es el grado de protección de la que disfruta el usuario. Mientras que en las bibliotecas se vela por un correcto uso de la conectividad, evitando páginas de contenido dudoso, malicioso, etc., en los espacios abiertos la falta de seguridad es más probable. En la calle, el usuario es quien debe tener más en cuenta cómo y dónde se conecta y qué páginas son las que visita.

Espacios de trabajo colaborativo

La introducción de Wi-Fi en las bibliotecas amplió significativamente su papel como centros de recursos digitales y lugares de trabajo colaborativo. Ahora, los usuarios podían llevar a cabo investigaciones, trabajar en proyectos y acceder a recursos en línea con sus propios dispositivos, lo que hacía que las bibliotecas fueran aún más relevantes en la era digital.

Actualmente las bibliotecas no solo proporcionan acceso público a Internet, sino que también se han transformado en espacios de trabajo colaborativo. Ofrecen salas de estudio, zonas de coworking y acceso a recursos digitales, lo que permite a estudiantes, emprendedores y profesionales desarrollar proyectos, investigaciones y emprendimientos.

Hoy en día, las bibliotecas públicas siguen siendo piezas fundamentales en la evolución del acceso público a Internet. A medida que la tecnología avanza, estas instituciones se mantienen a la vanguardia, ofreciendo conexiones de alta velocidad, servicios en línea y recursos digitales actualizados.

La evolución del acceso público a Internet ha sido un viaje apasionante que ha democratizado la información y la conectividad. En este proceso, las bibliotecas públicas han demostrado ser líderes en la promoción de la inclusión digital y el empoderamiento de las comunidades. Continúan siendo faros de conocimiento, colaboración y acceso gratuito a Internet en un mundo cada vez más digitalizado.

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